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COLECCIÓN SKENE

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Comentarios sobre la colección Skene

REVISTA AMIGOS DE LA ADE - MAYO 2001

Una colección para el teatro contemporáneo: "Skene" de la editorial Hiru

Desde 1992 la editorial vasca Hiru viene editando una colección Skene, dedicada a la literatura dramática que se cuenta entre los mejores y más importantes proyectos editoriales de las últimas décadas. Junto a la extinta colección de teatro de la editorial Cuadernos para el diálogo y la dedicada a textos teatrales de la Asociación de Directores de Escena, la de Hiru conforma un riguroso horizonte intelectual y estético y demuestra, al mismo tiempo, que es posible arriesgarse económicamente en un mercado saturado por la barbarie.

Aunque la editorial Hiru publica otros libros de distinto género y temática (como las colecciones "Informes" de textos de periodismo crítico o "Sediciones", con trabajos de intervención social), sin olvidar que ha editado la práctica totalidad de la obra narrativa, dramática, ensayística y poética de Alfonso Sastre, es esta colección que tratamos aquí, con casi una treintena de títulos, la que constituye, probablemente, el mayor esfuerzo editorial en un país en el que se observa un permanente desinterés por la literatura dramática. Es más, la escasez de esfuerzos editoriales de este tipo ha producido dos tópicos repetidos hasta la saciedad dentro del "mundo" del teatro: uno, que no existen textos contemporáneos que den cuenta de nuestro tiempo; y otro, que la literatura dramática española está a la altura de la mejor literatura dramática mundial. Cuando se leen los textos aparecidos hasta la fecha ene esta colección Skene de Hiru, algunos de cuyos títulos o autores se cuentan entre los más grandes del teatro europeo, se da uno perfecta cuenta de la falsedad de tales ideas y, lo que es más importante, puede ejercer el derecho de exigencia a los textos que se reclaman "originales" o "de gran altura" cuando a veces, las más de las veces, lo único que poseen es una buena idea o un diálogo bien tramado.

La colección Skene incluye no sólo obras teatrales sino también ensayos que cumplen la función de amplificar el conocimiento sobre autores y obras, como el compendio de ideas sobre Brecht de Hans Mayer, el volumen de ensayos dedicado a Peter Weiss, o el imprescindible trabajo de Erwin Piscator sobre el teatro político como categoría estética y no simple temática interior a determinadas obras. Muchas de las ediciones van acompañadas de textos introductorios o materiales interesantes para acercarse el texto.

A los presupuestos definidos por la propia editorial sobre las líneas convergentes que siguen, aún procediendo de diferentes perspectivas y orientaciones sociales, estas obras, debe unirse lo que significan como conjunto ya que una colección –salvo en las grandes empresas de mercadería editorial-, no es un conjunto de volúmenes aleatoriamente seleccionados sino, muy al contrario un conjunto unificado por distintos elementos. Hay algo que cohesiona esta colección: el ser artefactos simbólicos que explican o transforman el mundo de la modernidad, las sociedades del capitalismo tardío. Es más, la lectura de esta colección como texto único podría señalar muy bien el marco vital, político y social de las sociedades que vivimos. Merece la pena, pues, hacer un breve repaso por alguno de sus títulos.

Las dos obras de Pier Paolo Passolini, Orgía y Fabulación, conforman una anatomía del "yo" escindido de la modernidad, una dialéctica de los contrarios en un espacio redefinido constantemente por la organización de las situaciones y del lenguaje. Se incluye en el volumen de Orgía un manifiesto de Passolini redactado en 1968 sobre un nuevo teatro, una apuesta fuerte por un teatro que no se espere, que busca su lugar entre la tradición y la vanguardia, en esa tierra de nadie pero ocupada "desde el principio de los tiempos". Obras austeras, corales, dramas "estáticos", que indagan en la solidificación de los lenguajes como constructores de vidas. En otro plano, el teatro lírico de Fernando Pessoa, publicado en su totalidad en un volumen, del que el mismo escritor portugués llega a decir que el enredo del teatro es "la revelación de las almas a través de los diálogos y la creación de situaciones" para concluir que "puede haber revelaciones sin acción, y puede haber creación de situaciones de inercia, momentos del alma sin ventanas o puertas hacia la realidad". Un teatro de la miticidad como el de Passolini, pero también un teatro que deambula por la geografía de la alteridad.

Dos textos del dramaturgo alemán Peter Weiss se han publicado en Skene( aunque en la colección de obras completas de Sastre ya habían aparecido: el Marat-sade, el Mockinpott y la Noche de huéspedes): Hölderlin, un drama sobre la posición del artista en medio de la revolución, en medio de la convulsión histórica e ideológica y, al final, una fundamental indagación sobre los cambios que se operan en todo individuo y en toda obra cuando la historia se concibe como transformación constante, y El nuevo proceso, inédita en castellano hasta su publicación aquí, la última obra teatral escrita por Weiss que fija su interés en comprender la responsabilidad de los individuos, del saber y del arte, y la aparente inevitabilidad de la corrupción, la locura o el crimen instituidos por el capitalismo y su forma Estado.

La vuelta de tuerca hacia el nacionalismo, la lucha armada, el movimiento obrero se encuentra en las obras realistas de Sean O´Casey, Rosas rojas para mí y La sombra de un hombre armado, ejemplos de un teatro militante y apegado a los pequeños detalles que componen las decisiones de los seres humanos.

Del actor y dramaturgo italiano Dario Fo, Hiru ha publicado tres obras, una, la comedieta o divertimento Tengamos el sexo en paz (hecha con Franca Rame), fue hace poco tiempo un éxito de taquilla en España. Otra, sin duda su obra más conocida Muerte accidental de un anarquista, se sitúa en un momento histórico, los años veinte en un Estados Unidos en crisis, para hablar de otro momento histórico, los años sesenta en una Italia en crisis, y mostrar la operatividad real de los aparatos ideológicos y represivos del Estado. Una tercera, el Manual mínimo del actor, es un ensayo didáctico, práctico e historiográfico de saberes sobre la interpretación, el teatro y el público desde otra perspectiva radicalmente diferente al naturalismo psicologicista que domina aquí. Lleno de anécdotas, este libro repasa los elementos básicos de todo espectáculo teatral y se presenta como un compendio artesanal de saberes para la práctica del teatro.

El volumen dedicado a Heiner Müller, Germania muerte en Berlín, es una reflexión sobre las revoluciones destruidas y sobre los deseos destrozados. Una escritura multiforme materializa en este texto el largo siglo XX de los enfrentamientos sociales y de las desconstrucciones individuales. La edición incluye numerosos apéndices del editor y varios textos complementarios más del propio dramaturgo. El otro lado de esta "página" histórica europea son los dos volúmenes aparecidos hasta la fecha dedicados a Thomas Bernhard, el largo Heldenplatz, un texto que hurga en las entrañas de la alta burguesía y nos muestra el proceso de degradación y corrupción de su "estilo de vida" y de sus normas sociales; y el que reúne tres obras cortas del escritor austríaco: Ante la jubilación, Ritter, Dene,Voss y Minetti, ejemplos de lo que su traductor, Miguel Sáenz, ha llamado obras de una "comicidad atroz" que arañan la espesa piel de la contemporaneidad para descubrir la intransigencia, el racismo interiorizado y el totalitarismo cotidiano.

Si todo esto no es poco, tenemos que sumar además los títulos que esta colección ha sacado de autores como Xabi Puerta (La piel prestada y Perros de la lluvia) o Josep Maria Benet i Jornet (El perro del teniente), dramaturgos que han visto representadas ya algunas de sus obras en los escenarios y cuentan, por ello, con un cierto reconocimiento; o textos de Alberto Miranda Bonilla (La tribu) o Alfredo García Gregorio (Esperando nada) que hablan desde los inicios de una escritura sumida en el filo del presente. La presencia de títulos de autores nuevos (o traducidos por primera vez al castellano) en el catálogo de Hiru es una opción decidida de la editorial por hacer que el teatro que se escribe ahora tenga la posibilidad de ser leído a la luz de los grandes textos contemporáneos. Así, las piezas de David Barbero (Gambitro de dama), de Werner Schwab (Las presidentas), de Eusebio Calonge (Cuando la vida eterna se acabe), de Luiz Francisco Rebello (La desobediencia), de Manuel Lourenzo (Veladas indecentes) o de José Cardoso Pires (Cuerpo del delito en la sala de los espejos) componen un corpus que escenifica la "historia inmediata" desde diversos ángulos y a partir de motivos distintos pero complementarios. Estas obras unifican también la colección en su decidida demostración de que el realismo como forma estética, como mecánica constructiva, no es sólo la chata y lineal voz del costumbrismo o del hiperrealismo, y –sobre todo- que este discurso moderno puede aún imponerse como estética dramática a los resultados artísticos que en el teatro, y en otros campos culturales, está dando la posmodernidad.

Acaban de aparecer El príncipe de Spandau de Hélder Costa, El cooperador de Friedrich Dürrenmatt y el fundamental ensayo de Erwin Piscator El teatro político. Está anunciada la edición de una pieza del francés Bernard Marie Koltés, dos volúmenes más con piezas cortas de Bernhard, al mismo tiempo que en junio de este año Hiru ha comenzado a publicar algunos textos teatrales cortos en una nueva colección de teatro, Breveskene.

Como se ve, la edición de libros puede ser una forma de intervención social y una empresa cultural que se deshace de la estructura mercantilista para ampliar el campo de la reflexión intelectual y artística, humana en definitiva, más allá de las formas de capitalización en que el arte ha terminado por convertirse en las sociedades "occidentales". Hiru, desde luego, lo hace posible.

CÉSAR DE VICENTE HERNANDO

 

Las múltiples caras del teatro resistente

Josu Montero -Revista teatral ARTEZ, mayo 2004

Pasolini, Weiss, Müller, O`Casey, Bernhardt, Dorst, Schwab, Koltès, Pinter, Mamet… sin duda el dramático panorama de la edición de literatura dramática en el Estado español sería mucho más desolador sin la decidida apuesta de Hiru por la dramaturgia contemporánea. Pero la editorial que dirige Eva Forest no sólo arriesga en autores extranjeros, y los últimos libros que acaba de editar son buena prueba de ello. Por una parte, tres libros de otros tantos autores españoles jóvenes; por otra, la recuperación de tres piezas dramáticas de un artista heterodoxo como el catalán Joan Brossa; y, finalmente, la edición en un volumen de las dos últimas creaciones de La Zaranda. Todas bajo el denominador común del teatro resistente.
Heredero de Kantor y de Valle, este Teatro Inestable de la Baja Andalucía que es La Zaranda, se ha hecho asiduo de los escenarios vascos, a los que ha traído recientemente las dos obras que ahora se editan: “La puerta estrecha” (2000) y “Ni sombra de lo que fuimos” (2002), ambos textos firmados por Eusebio Calonge, dramaturgo habitual de la compañía. Como muy bien explican en un breve texto introductorio titulado “Creación al borde del silencio”, sus obras nacen de “imágenes primigenias que brotan del alma” y que es preciso “encarnar en el verbo” a sabiendas de que la perturbadora fuerza poética del misterio no puede ser desvelado por las palabras: “Es un error considerar al autor como a una verdad absoluta más que como una señal de orientación hacia ese absoluto. Respetamos el texto sólo como esta señal, en un mapa de tierras desconocidas que tendremos que delimitar y recorrer todos los implicados en la creación”.
Absolutamente reconocido en el pequeño ámbito de la poesía experimental, el multiforme y seminal genio de Joan Brossa es apenas considerado en un territorio como el teatral, que él exploró a fondo pero siempre desde su heterodoxia vanguardista y en los años oscuros además del más estéril franquismo. “Día de viento” (1958), “También” (1959) y “Olga sola” (1960) son tres obras sorprendentes que hay que leer despacio, porque el teatro siempre fue para él “poesía escénica”, y en las que queda patente que Brossa fue de los poquísimos aquí que tenía el reloj puesto en hora con la torrencial vanguardia teatral europea de la segunda mitad del ya pasado siglo.
Premiado con el Marqués de Bradomín entre otros galardones, Antonio Morcillo (Albacete, 1968) vuelve la vista en “Días maravillosos” a la transición española a través de los miembros de un grupo de teatro amateur que en medio de las contradicciones del momento ensayan en un pueblo de Cataluña “Fin de partida” de Beckett. La clara intención de Morcillo –la obra se cierra con una “moraleja”– es levantar el oprobioso manto de silencio y olvido que se ha tendido sobre un pasado demasiado reciente y que nos ha conducido a esta normalización democrática que hoy padecemos, a estos sarcásticos “días maravillosos” del título. Y son las debilidades del Teatro Político las que lastran la obra, el empeño demasiado evidente de sacar adelante una tesis en detrimento de unos personajes que saben a poco porque sobre ellos se impone el afán histórico-informativo del autor.
Pedro Montalbán reconoce que “Darío Fo ¿Alcalde?” nació de un ejercicio en un Taller de Dramaturgia en el que se trataba de plantear una situación dramática a partir de una noticia de prensa. Montalbán eligió una en la que se apuntaba la posibilidad de que Fo se presentara como candidato de la izquierda  a la alcaldía de Milán. El autor especula en esta comedia porqué el Nobel italiano se desmarcó finalmente de involucrarse en el pantanal de la política. Consiguiendo en muchos momentos arrimarse al humor mordaz de Fo, y con guiños eficaces al desparpajo del italiano –y a Chaplin y a los Marx–, e incluso con jocosas alusiones a obras del italiano, Montalbán realiza una hilarante crítica de la política institucional y sobre todo del poder de los medios.
El personaje central de “Como lentas aves” es el muy frecuentado literariamente poeta alemán F. Hölderlin, y es que el extremo de pureza y de lucidez a que aspiró en su obra y en su vida, con la consecuente locura de sus largos últimos años, sigue resultando absolutamente sugerente. Vladimir García Morales (Valencia, 1978), el autor de este drama piadoso y a la vez despiadado, es físico, músico y poeta, triple condición –¿o quizá es sólo una?– que se deja sentir en este su luminoso debut dramático. A pesar de situarse en 1836, el autor establece que la escenografía no ha de intentar ser historicista, sino “austera tendiendo a la desnudez”. La estructura de las cinco escenas es así mismo declaradamente musical: la primera y la última son movimientos lentos, prácticamente largos monólogos; la II y la IV serían movimientos más ligeros; el Scherzo de la obra se situaría en la escena III, la central. Y también tiene sus momentos para el piano. Todo ello para trazar, con sólo cinco personajes, un alegato poético –hasta el texto adquiere la textura y la disposición del verso– dirigido al corazón del presente: “Historia del poder / Historia / de la miseria del espíritu”, y frente a ella la resistencia, la poesía, el empeño por despojarse de la apariencia a la que se nos condena y la lucha por ser; ese vuelo hacia la luz que tantas veces acaba en destrucción. Pero es que “la noche está llena de verdad”. Un canto desesperado y lleno de esperanza a la maltrecha multiplicidad de lo real, en el que tras Hölderlin se aprecian también las alargadas y benéficas sombras de Bernhardt y de Handke.

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